Año nuevo y proceso nuevo. La decisión de Luis Fernando Tena de utilizar el amistoso ante Canadá como una ventana para observar a jóvenes legionarios es coherente con el momento que vive la Selección Nacional de Guatemala y con el horizonte que plantea el Mundial de 2030.
En partidos de esta naturaleza, el resultado importa, pero no puede estar por encima de la necesidad de construir una base competitiva a mediano y largo plazo.

La convocatoria de futbolistas como Damián Rivera, DeCarlo Guerra y Matt Evans responde a una lógica sana: jugadores jóvenes, con roce internacional y formados en entornos exigentes. Eso no garantiza rendimiento inmediato, pero sí amplía el abanico de opciones para un cuerpo técnico que necesita evaluar alternativas reales fuera del ámbito local.

El reto para Tena será encontrar el equilibrio. La renovación no puede ser abrupta ni desarticulada; debe convivir con la experiencia y con una idea clara de juego. Canadá, hoy por hoy, es un parámetro serio, y este tipo de partidos sirven más para medir procesos que para alimentar urgencias.
Si el mensaje es claro y el seguimiento es constante, este tipo de convocatorias pueden marcar el inicio de una transición necesaria para el fútbol guatemalteco.







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