
Quince años han pasado desde aquel 6 de abril cuando un puñado de patojos dirigidos por Ever Hugo Almeida nos metió en el mapa mundi del fútbol. Aquella noche en la que Henry David, y sus compañeros, vencieron a Goliat y sus barras y estrellas (2-1).
Hoy, me voy a referir a Henry David López Guerra, quien aquella noche firmó un hito en el fútbol chapín.

EL GOL DORADO
El 8 de agosto de 1992, mientras el país era gobernado por Jorge Serrano Elías, nació en la Ciudad de Guatemala Henry David López Guerra, el primer hijo del matrimonio integrado por Henry López y Zonia Guerra.
Aquel año de 1992 no es recordado necesariamente por algún éxito futbolístico para el país, ese año y unas semanas antes de que naciera Henry, la Bicolor se despidió tempraneramente de las clasificatorias al Mundial de Estados Unidos 1994, tras caer en la serie ante Honduras (0-0 y 2-0).

Pero el patojo trajo consigo un ángel. Se le vio desde que creció en la zona 18, en donde dio sus primeras patadas y corrió tras un balón. Otras veces la pelota lo buscó a él, principalmente en la zona de gol.
Sin un gran físico, pero si dotado de sangre fría, esa que tienen los goleadores de raza, hizo del área su habitad. Así llegó a las fuerzas básicas de Municipal en donde continuó depurando su exquisitez técnica para hacer goles.
Hasta que su familia y él debieron buscar nuevos horizontes, ante la desfachatez de unos sinvergüenzas extorsionistas, que los obligaron a radicarse en los Estados Unidos. Eso sí, jamás lo alejaron de la redonda. Es más despertaron en él un nuevo instinto: el de viajar por el mundo mostrando sus cualidades futbolísticas.

Exportó sus goles a Estados Unidos, Puerto Rico, Brasil y hasta había fichado por el Tigres de México. Siempre con las maletas en la puerta y dispuesta a tomar un avión para emprender cualquier desafío, Henry se hizo grande.
La vida y el futbol hicieron que volviera al país para jugar en la Selección Sub-20, con la que se llenó la garganta con el gol, con el tanto que más alegría nos ha dado en los últimos años a los guatemaltecos.

Habrá más de alguno que dirá que han habido goles más importantes, pero el de López sencillamente nos metió en el mapa futbolero del mundo.
El 6 de abril de 2011, Henry tumbó al gigante de los mundiales juveniles de la Concacaf. Bajó a los Estados Unidos del avión que los llevaría a la Copa del Mundo de la FIFA Colombia 2011.
Los aniquiló con un derechazo, con el que marcó el gol de la ansiada clasificación. Fue el 2-1 en una noche en la que pocos creían en el milagro, que Henry hizo realidad en el ya legendario estadio Nacional.
Podrán venir más mundiales (además de Argentina 2023), ojalá que así sea. Sin embargo, el primero siempre lo recordaremos. Y Henry López marcó la historia que hoy escribimos.







Deja un comentario